Enlace Católico.– Sin duda
alguna, la Santísima Virgen María fue la mujer más privilegiada de
todos
los tiempos, durante 9 meses llevó en su vientre al Hijo de Dios, lo amamantó, le enseño a caminar, escuchó como ese pequeño inocente le decía mamá, lo vio crecer, fue testigo de sus años de predicación y a pesar de que sufrió como nadie al verlo en la cruz, también fue la que mayor gozo sintió al verla resucitado.
los tiempos, durante 9 meses llevó en su vientre al Hijo de Dios, lo amamantó, le enseño a caminar, escuchó como ese pequeño inocente le decía mamá, lo vio crecer, fue testigo de sus años de predicación y a pesar de que sufrió como nadie al verlo en la cruz, también fue la que mayor gozo sintió al verla resucitado.
Lo último que nos cuenta la Biblia sobre
María es que estaba con los apóstoles el día que el Espíritu Santo
descendió sobre la Iglesia en forma de lenguas de fuego, pero… ¿Y
después? ¿Murió? Sabemos que fue asunta al cielo, pero ¿Su cuerpo fue
llevado antes o después de morir? ¿Cómo fue su último día en la Tierra?
La voz más autorizada en este tema es la de
San Juan Damasceno, un gran santo y Doctor de la Iglesia, durante un
sermón, él explicó así la muerte de la Santísima Virgen María.
No murió de enfermedad, porque al no tener
pecado original no tenía que recibir el castigo de la enfermedad, no
murió de ancianidad, porque no tenía por qué envejecer, ya que a ella no
le llegaba el castigo del pecado de los primeros padres: envejecer y
acabarse por debilidad. Ella murió de amor, tanto deseaba irse al cielo
donde estaba su Hijo, que este amor la hizo morir.
Catorce años después de la muerte de Jesús,
cuando había empleado todo su tiempo en enseñar la religión del
Salvador a pequeños y grandes, cuando ya había ayudado a enfermos y
moribundos y consolado a personas tristes, hizo saber a los Apóstoles
que ya se aproximaba la fecha de partir de este mundo a la eternidad.
Los Apóstoles se apresuraron a viajar para
recibir de sus maternales labios sus últimos consejos y de sus
sacrosantas manos su última bendición, pues todos la amaban como a la
más bondadosa de todas las madres.
Después de haberles dado palabras de
consuelo y de esperanza a cada uno de los Apóstoles, como quien se
duerme en el más plácido de los sueños, fue cerrando santamente sus ojos
y su alma, mil veces bendita, partió a la eternidad.
Al saberse la noticia por toda la ciudad,
no hubo cristiano que no fuera a llorar junto a su cadáver, su entierro
parecía procesión de Pascua y no funeral. Todos cantaban el Aleluya con
la más firme esperanza de que ahora tenían una poderosísima Protectora
en el cielo.
Tomás Apóstol, no alcanzó a llegar a
tiempo, cuando arribó ya habían regresado de sepultar a la Santísima
Madre, por lo que le pidió a Pedro ir a la tumba de María, para darle un
último beso en sus manos, por lo que Pedro aceptó.
Cuando abrieron el sepulcro, en vez del
cadáver de la Virgen encontraron solamente una gran cantidad de flores
muy hermosas, Jesucristo había resucitado a su Madre Santísima y la
había llevado al cielo.
A esto le llamamos Asunción de la Virgen.
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