domingo, 8 de julio de 2018

El día que no encontraba a Jesús en el sagrario (un testimonio bellísimo)




¿Qué es el sagrario?
Es una pregunta que a menudo me hacen.

“El sagrario o Tabernáculo en las iglesias católicas, es el lugar, generalmente sobre el altar mayor, donde se guarda el copón con las hostias consagradas que no han sido consumidas durante la misa”.
Allí está Jesús ilusionado de verte, esperando por ti.
Si a mí me preguntan qué es el sagrario, respondería sin dudar: “Es donde habita mi mejor amigo”.
Pablo VI decía que era el corazón vivo de cada una de nuestras iglesias”.
Generalmente hay una lámpara roja encendida que te indica la presencia de Cristo Vivo.
Cuentan de este niño que tenía problemas en su casa. Va a una iglesia y trepa cerca del sagrario. Golpea con sus manitas la puerta:
“¿Estás allí Jesús?”
Le habla de su casa, su papá. El problema que tienen. Regresa a su casa y al poco tiempo el problema se soluciona.
Allí habita Jesús Sacramentado. Allí está Jesús! No tengo la más mínima duda.
He visto milagros que ocurren en la presencia de Jesús en el sagrario.
La Beata María Romero solía cortar rosas de su rosal en la Casa de María Auxiliadora en san José Costa Rica, para ponerlas cerca de la puerta del sagrario. Quería asegurarse que a Jesús le llegara el fresco aroma de sus rosas. Solía visitarlo cada mañana y le decía con amor inmenso:
“Buenos días, Jesús. Aquí vengo a saludarte. Vives tan solo. Ven a mi alma, Jesús”.
En cierta ocasión entré a una Iglesia y buscaba el sagrario que tenían en un bello oratorio. Era mi primera vez en aquella iglesia y no encontraba a Jesús. De pronto pasa el sacerdote y le preguntó:
“¿Dónde tiene a mi Señor?”
Me indica con una gran sonrisa y me dijo:
“Anda, que Jesús te está esperando”.
No imaginas mi felicidad al saber dónde encontrarlo.
“Mi pequeño Jesús, escondido en el sagrario”.
Toqué la puerta del oratorio como quien golpea la puerta de una casa.
“¿Se puede?”
Asomé mi cabeza y le sonreí.
Creo que le robé una sonrisa cálida.
“Ven Claudio que te estaba esperando”.
Quisiera pedirte que vayas, no lo dejes solo.
Te diría las mismas palabras que este buen sacerdote me dijo:
“Anda, que Jesús te está esperando”.
Y cuando vayas por favor dile:
“Buen Jesús, Claudio te manda saludos”.


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